Desde siempre me fascinaron los títeres y cuando estaba en la Facultad oí hablar de un lugar donde dar vida a pequeños sueños: Titerearte. Un viaje a Lisboa y la visita al Museo del títere en aquella ciudad me despertaron aún más las ganas porque allí tuve la oportunidad de jugar detrás de retablos y de manipular diferentes técnicas y acrecentó un poco más mi fascinación. A la semana siguiente de mi vuelta llamé a Titerearte y conocí a Mónica explicándole todas mis inquietudes y deseos.
Y entonces?
Mi cabeza trabajaba raudamente colmada de personajes e historias, porque en aquellos momentos empezaban mis andanzas como narradora oral, quería dar vida a aquellos personajes y hacerlos sentir y respirar. Así entré en la clase de construcción. En Titerearte no sólo encontré una profesora sino también una amiga y aprendí no solo técnicas sino también lecciones vitales importantes porque para dar vida hay que ser paciente, flexible, generoso y sobretodo, saber escuchar. Recuerdo que mi creatividad y mis manos querían ir muy deprisa pero, poco a poco, descubrí que la materia de aquellos seres que pronto tendrían una mirada y un respirar me pedían su tiempo.
¿Qué cosas aprendiste?
Modelar, esculpir, pintar, pegar, secar, coser, vestir, peinar, ... a simple vista para alguien alejado de los títeres le puede parecer una simple técnica manual pero el secreto está en que el títere es un ser con alma y hay que saberlo escuchar poco a poco. Mi apresuramiento inicial fue aplacándose (¡cuántas veces tuvo que sufrir Mónica mi impaciencia por la avidez de ver acabados mis personajes!).
Háblanos de tus personajes.
Primero nacieron Isatou de Mandingo y el buscavidas argentino Martín y se sucedieron la ratona Rufina, un pájaro extraño Oxtib, gusanitos, peces... Pasé del papel maché y del títere de guante a tallar gomaespuma y los títeres de mesa. El último sueño que compartí durante unos meses con Mónica fue un mosquito, Anófeles.
¿Anófeles?
Sí, fue con Ánófeles con el que no sólo hice construcción sino que pude practicar algunas nociones básicas de manipulación. Y Anófeles echo a volar acompañándome en algunas sesiones de narración. Así empezó mi andadura... una andadura que sólo comenzó... este fue un primer paso para otros muchos que espero hacer y para que todos esos personajes durmientes pueden cobrar vida.
Antes de despedirnos, ¿quieres comentar algo más?
Me gustaría acabar agradeciéndole a Mónica (Mónica Pes, fundadora de Titerearte) su excelente dedicación como profesora (o mejor llamarla "soñadora de títeres"). Mónica es una persona con excelentes dotes de psicología que sabe sacar lo mejor de ti y te enseña con generosidad para que puedas seguir soñando de forma autónoma sólo los grandes maestros dotan a los aprendices de la capacidad de autosuficiencia para seguir creando y saben escuchar en silencio respetando el proceso de cada uno. Mónica es una de esas maestras.